lunes, 30 de diciembre de 2013


Por contraste, el camino hacia el mal resulta mucho más seductor que el subjetivo destino inpreciso del bien. El mal lo podemos ver en todas partes, en literatura, en música, en politíca, en la sociedad e incluso en las personas.Se nos muestra con extravagancia, sin límites, con indudable estilo y gloriosa libertad.Es más fácil saber de Satán y demonios. Que de mundos verdes y razas celestiales.
Vivir de el exceso y la vanidad.
Eso cualquiera lo encuentra en una Internet, librería, centro comercial o persona.
En cambio el bien no se ve, es mucho más díficil de distinguir y precisar.
Todo lo bueno que se ha consagrado nos lleva a alguna religión manoseada e insana.
Eso repele a cualquiera.
Ver una persona hermosa es fácil, destacar su puresa, casi imposible.
Desear algo más no existe, no vende.
Pero por lo menos, a veces se reconoce este sublime error ancestral.