viernes, 18 de enero de 2013


-Sigue mi voz.
-¿Otra vez tu?
-No, yo soy diferente.
-Continua, concéntrate en mi voz.

Luz.

Puedo ver un río angosto, agua casi cristalina... a pesar  de ver un agua tan limpia y pura no se distingue su profundidad ni su peligro, podría jurar que es de  un lienzo mágico e intocable.

Un árbol enorme, no más alto que yo.
Viejo, grueso y lleno de vida aun.
Sin fin.

Más lejos veo lo que sigue después de un paisaje, no me es relevante: Pasto, flores, cerros, arbustos...

Ahora lo puedo ver a él, inmenso, delgado y fuerte, pelo relativamente corto y largo, castaño casi ondulado.
Tiene una espada brillante, antigua, plata viva.. colores impronunciables dentro de una escala de grises.

La toma con fuerza, se ve liviana en él.
(No lo es)
Comienza a partir y desgarrar el río, él árbol...

  ¿Te puedes imaginar a un río sangrar?
 Es como hacer sangrar a un ángel, impensable, inimaginable e insensato. Impuro.

 Él no se detenía.  Vi al árbol incluso llorar... sangraba cada vez más.

... Hasta que él se detuvo.

- Hazlo tú.
-No tengo Es....

Veo mi mano, yo también tengo una.
Me veo diferente, sé que soy yo.

No lo pensé, solo actué hasta que me cansé.

Paré y pestañeé.
Todo volvió a ser un cuadro perfecto.
Arruinarlo sería  impensable, inimaginable e insensato. Impuro.

Él se me acercó.
Sonríe.
Me besa la frente...

Abro mis ojos alguien besa mi frente... "él".

Él se ah ido.





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